Consejo 1: Haga preguntas cerradas
Primero decida qué tipo de pregunta quiere formular. En una presentación recomendamos preguntas cerradas o de opción múltiple siempre que sea posible. Piense en preguntas de sí/no o de opción múltiple. Las abiertas son más difíciles de responder. Es más probable que el público se desconecte. ¿Las usa igual? Entonces plantéelas al final, por ejemplo para pedir feedback.
Consejo 2: Cree preguntas sencillas
Las preguntas deben ser comprensibles para todos. Formúlelas en lenguaje hablado y evite dobles negaciones. La pregunta «¿No va a un centro comercial porque no quiere demasiada gente a su alrededor?» es difícil de entender para muchas personas.
Consejo 3: Mantenga las preguntas neutrales
Si incorpora una opinión en la pregunta, influye en la respuesta. La pregunta «Muchas personas separan su basura de plástico. ¿Qué probabilidad hay de que usted separe el plástico?» se vuelve más objetiva si elimina la primera frase.
Consejo 4: Haga una pregunta cada vez
Dos preguntas en una confunden a los participantes. Entonces dan una respuesta que no refleja su opinión real. Soluciónelo haciendo dos preguntas cerradas por separado.
Consejo 5: Evite preguntas idénticas
La irritación de los participantes es lo último que quiere. Asegúrese de que las preguntas no se parezcan. Empezar todas con «¿Qué piensa de…?» no es buena idea. Las respuestas se vuelven planas y se pierde el foco. Dé rienda suelta a la creatividad y varíe el tipo de preguntas.
Consejo 6: No use palabras difíciles ni tecnicismos
Las palabras difíciles hacen que los participantes malinterpreten la pregunta. ¿Quiere conocer el nivel de satisfacción laboral? Pregunte en qué medida las personas sienten satisfacción en el trabajo, en lenguaje claro.
Consejo 7: Sea claro
Las preguntas poco claras hacen que los participantes malentiendan y, lógicamente, no den una respuesta útil. Suponga que pregunta: «¿Cuántas veces al mes sale a la ciudad?» Puede interpretarse como cenar fuera, ir de compras o de fiesta. Sea claro en la formulación.
Consejo 8: ¡Desafíe!
Mantenga a los participantes alerta poniéndolos un poco en el centro. Por ejemplo, plantee un dilema diabólico y juegue al «juego de las dos opciones». En una presentación sobre sostenibilidad puede preguntar: «¿Qué prefiere: no poder comprar ropa nueva nunca o no poder conducir un coche nunca más?» ¡Los resultados pueden sorprender!
La pregunta perfecta para un juego de presentación
Ahora que sabemos qué deben cumplir las preguntas de un juego de presentación interactivo, toca aplicarlas. En una presentación sobre trabajo consciente pueden servir: «En una semana media, ¿con qué frecuencia se siente estresado en el trabajo?» en una escala Likert de 7 puntos de 1 (nunca) a 7 (toda la semana). La pregunta de seguimiento: «¿Qué síntomas físicos experimenta por ello?» con opciones: dolor articular, dolor de espalda, dolor de cabeza, agotamiento, dolor de estómago y pérdida de peso. Ambas son cerradas, pero difieren en las opciones. La primera tiene un periodo claro. Las molestias físicas se aclaran con respuestas concretas. Las preguntas son sencillas, neutrales y distintas entre sí. En resumen: apenas hay margen de confusión.
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